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Melchor María Mercado (1816-1871) no es un nombre común ni fue un hombre común; tampoco es muy conocido por el conjunto de los bolivianos. Sin embargo, este hombre dejó un legado muy valioso y diverso gracias a sus actividades de enseñanza (dibujo, matemáticas, geografía), su trabajo jurídico, pero sobre todo su insaciable curiosidad, marcada por una notable inclinación por las ciencias naturales, que lo llevó a recorrer el país. Uno de los resultados de estos viajes es el maravilloso Álbum de paisajes, tipos humanos y costumbres de Bolivia  cuyas láminas están conservadas en el ABNB y que fue publicado en 1991, con una larga y minuciosa introducción de don Gunnar Mendoza Loza, quién dirigía entonces la institución.

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Este álbum está conformado por 116 acuarelas y constituye un conjunto valioso de ilustraciones sobre Bolivia a mediados del siglo XIX pues abarca gran parte del territorio nacional, llegando a lugares poco conocidos entonces como el Litoral o bien la frontera con Brasil. Revela las costumbres de los bolivianos, sobre todo de personajes populares en escenas de la vida cotidiana; también muestra paisajes rurales y urbanos, herramientas e instrumentos de trabajo, plantas, animales, construcciones, con un realismo sorprendente.  Estas láminas fueron elaboradas entre 1849 y 1868, de manera discontinua. Su obra no solo se enfoca en las personas; también evoca el entorno natural de los bolivianos (montañas, ríos, plantas, animales) y el entorno creado por los hombres (ciudades, pueblos, jardines, huertos, iglesias, monumentos).

En esta oportunidad, destacaremos la mirada de Mercado sobre unos actores peculiares en la vida de los bolivianos: los animales. La mayoría de las ilustraciones que tomamos en cuenta los muestra en interacción con los hombres pero la manera de representarlos constituye un reflejo de los imaginarios del siglo XIX en torno a ellos y al contexto en el que se encuentran. No hay que sorprenderse por el hecho que Mercado los haya tomado en cuenta: su gran interés por las ciencias naturales ha permitido que no omitiera detalle alguno en sus ilustraciones, incluyendo a estos actores de cuatro patas…o más.

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Hemos seleccionado algunas láminas representativas de la fauna de varias regiones del país y hemos establecido una distinción entre animales domésticos y animales salvajes. Cabe destacar que cada lámina lleva un título colocado por Melchor María Mercado.

Los animales domésticos se encuentran en su mayoría en la región andina y valluna del país: una llama que acompaña un aguatero en Oruro (1858)[1]; una escena con comerciantes de Challapata en la que aparecen dos llamas y un perro (1858); una escena titulada “Siesta” y ubicada en el departamento de Potosí, sin fecha, que representa a varias mulas de pie y otras echadas así como dos perros descansando. En el departamento de La Paz, una lámina ambientada en Villa Esquivel (Sorata) muestra un llamero (1868) y otra, del mismo año, se refiere a indios pero entre ellos aparece un perro.

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En las tierras bajas, es decir los departamentos de Santa Cruz y del Beni, creado en 1842, las láminas representan tanto animales domésticos como salvajes. Entre los primeros se ve un típico carretón tirado por cuatro bueyes en Santa Cruz (¿1850?); otra lámina expone bueyes benianos jalando una rastra (1859). Otra lámina muestra un grupo de vacunos cerriles que cruzan el río Mamoré (sin fecha). Finalmente, siempre en el Beni, dos láminas (1859) se refieren a prácticas propias de la región claramente evocadas en sus títulos: “Cómo cazar el caimán” y “Ataque del tigre a mi canoa”.

Los animales como las llamas y las mulas están relacionados con el mundo del transporte, del intercambio y del comercio pues son animales de carga por excelencia. En las tierras bajas, los bueyes cumplen esta misma función pero, a diferencia de los anteriores, no llevan la carga sobre sí mismos; jalan carretones que transportan mercancías y/o personas. Todos ellos corresponden al ámbito de los animales domésticos cuya función es aliviar el trabajo de los humanos.

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Por otro lado, Mercado se enfoca en algunos animales salvajes en el Beni, que llamaron su atención por su exotismo y quizás porque no los vio en el mundo andino o porque no los sorprendieron. En este caso, se trata de caimanes que pueblan los ríos amazónicos y de un peculiar tigre. Además, en estas láminas aparecen otros animales como aves, peces y monos. Los caimanes eran cazados por los indígenas del Beni, por constituir un peligro evidente para los navegadores y los habitantes de las orillas o bien para el ganado; en cuanto al tigre, en esta oportunidad, él es el personaje clave que ataca la embarcación. Llama la atención que en ambos casos, los animales estuvieran sonriendo, e incluso mirando al público, en el caso del tigre. Quizás para Mercado, ellos seguían sintiéndose dueños de los territorios que ocupaban y constituirían un reto más para el Estado boliviano en sus intentos de asentamientos en regiones poco conocidas a mediados del siglo XIX.

Melchor María Mercado dibujó y pintó para sus compatriotas. Sus láminas eran casi pedagógicas y permitieron dar a conocer las riquezas y la diversidad del país, al igual que varias obras escritas por otros autores en esos mismos años, probablemente para que los bolivianos conozcan su patrimonio, lo aprecien y lo protejan.

 

 

Bibliografía:  

Lema, Ana María (2014). “Domésticos y salvajes: animales en la obra de Melchor María Mercado. Bolivia, siglo XIX”. Anuario de Estudios Bolivianos, Archivísticos y Bibliográficos, 20: 427-455. Sucre: Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia. ISSN: 1819-7981.